Salta tiene los índices de feminicidios más alto del país

marzo 8 /2012

Las mujeres salteñas seguimos esperando. Salta tiene los índices de feminicidio más alto del país. El escritor Eduardo Galeano no brinda un bello relato que se reproduce abajo, sobre aspectos de la situación social de la mujer occidental durante el siglo XVIII. A doscientos dieciocho años de la muerte de Jane Franklin Mecom restan todavía muchas batallas por ganar.

Salta es, después de Santiago del Estero, la provincia con mayor tasa de feminicidios de Argentina.

Algunos de los logros obtenidos se concretaron tras tragedias que se llevaron la vida de mujeres. En Salta, el asesinato de Rosana Alderete y dos de sus hijos por parte de su esposo Alberto Yapura, puso la violencia doméstica en un profundo debate, cuyo resultado fue la sanción de la ley 7403, aprobada en 2006, que establece las reglas para la protección de las víctimas y determina sanciones para policías, jueces y otros funcionarios que no actúen con urgencia ante una denuncia de maltrato.

La violencia contra las mujeres es un problema cotidiano y en aumento. En nuestro país se produjo, un feminicidio cada 31 horas durante el año 2011. Estos crímenes caracterizados por el odio contra las mujeres gozan lamentablemente de una enorme tolerancia social y estatal ante la violencia genérica.

Salta es, después de Santiago del Estero, la provincia con mayor tasa de feminicidios de Argentina. El índice creció en los últimos años casi un 40%., d 1,02% ascendió a 1,40%. Si en 2010 se contabilizaron 11 feminicidios, en 2011 se registraron 17.

En el día de la Mujer, todas recordamos a las victimas y brindamos nuestro homenaje a quienes luchan todos los días para que no existan más Jane ni Rosana. La sociedad salteña demanda las acciones gubernamentales para que esta violación a los derechos humanos de las mujeres se detenga.


Si él hubiera nacido mujer

  • Por Eduardo Galeano

De los dieciséis hermanos de Benjamín Franklin, Jane es la que más se le parece en talento y fuerza de voluntad. Pero a la edad en que Benjamín se marchó de casa para abrirse camino. Jane se casó con un talabartero pobre que la aceptó sin dote, y diez meses después dio a luz su primer hijo. Desde entonces, durante un cuarto de siglo, Jane tuvo un hijo cada dos años.

Algunos niños murieron, y cada muerte le abrió un tajo en el pecho. Los que vivieron exigieron comida, abrigo, instrucción y consuelo. Jane pasó noches en vela acunando a los que lloraban, lavó montañas de ropa, bañó montoneras de niños, corrió del mercado a la cocina, fregó torres de platos, enseñó abecedarios y oficios, trabajó codo a codo con su marido en el taller y atendió a los huéspedes cuyo alquiler ayudaba a llenar la olla. Jane fue esposa devota y viuda ejemplar; y cuando ya estuvieron crecidos los hijos, se hizo cargo de sus propios padres achacosos y de sus hijas solteronas y de sus nietos sin amparo.

Jane jamás conoció el placer de dejarse flotar en un lago llevada a la deriva por un hilo de cometa, como suele hacer Benjamín a pesar de sus años. Jane nunca tuvo tiempo de pensar, ni se permitió dudar. Benjamín sigue siendo un amante fervoroso, pero Jane ignora que el sexo puede producir algo más que hijos.

Benjamín, fundador de una nación de inventores, es un gran hombre de todos los tiempos. Jane es una mujer de su tiempo, igual a casi todas las mujeres de todos los tiempos, que ha cumplido su deber en esta tierra y ha expiado su parte de culpa en la maldición bíblica. Ella ha hecho lo posible por no volverse loca y ha buscado, en vano, un poco de silencio.

Su caso carecerá de interés para los historiadores. (En, Memorias del Fuego II. Las caras y las máscaras).