Se juzga la represión fascista en Barcelona ¿Y en Mallorca?

enero 29 /2013
Dr. Carlos María Romero Sosa

Los hechos históricos y los datos que dan fe de ellos, pueden voltear al cabo los prejuicios y las transitorias complicidades, como las que se alzaron tiempo atrás contra el juez Baltasar Garzón hasta desplazarlo en forma inicua de la magistratura. Pero existe por fortuna la ley de las compensaciones y así he podido leer con satisfacción en varios matutinos la noticia de que la Audiencia de Barcelona, ordenó investigar crímenes cometidos contra la población civil catalana, por parte de la aviación italiana durante la Guerra Civil Española.

Fue una asociación de italianos antifascistas residentes en la Ciudad Condal, la autora de la demanda.

Por cierto algo también destacable es que lejos de caer en el falso atajo de un nacionalismo mal entendido, cerrado y capaz de imponer vendas a los ojos, fue nada menos que una asociación de italianos antifascistas residentes en la Ciudad Condal, la autora de la demanda.

Sin embargo, la auspiciosa noticia, me hace pensar de inmediato en la represión llevada a cabo en Mallorca, tan próxima geográficamente a Barcelona, durante aquella contienda fratricida; y en la actuación allí de un italiano tenebroso que desgraciadamente no puede ya ser juzgado pues murió sexagenario en 1962: Arconovaldo Bonaccorsi, personaje de avería que se hacía llamar “Conde Rossi” y organizó el grupo paramilitar los “”Dragones de la muerte”.

En aquella isla del Mediterráneo fue tan cruel la actitud de los “nacionales”, financiados por empresarios como Juan March -“el último pirata del Mediterráneo”, a juicio de Francesc Cambó- y apoyados en el trabajo sucio por fascistas de la calaña de Bonaccorsi -quien escribió por esos lúgubres días de 1937 al yerno de Mussolini, el conde Ciano, anunciando con orgullo hallarse empeñado en “una limpieza radical de personas y lugares infectos”-, que alguien insospechado de izquierdismo y de anticatolicismo como el escritor monárquico francés Georges Bernanos (1888-1948), denunció los crímenes en “Los grandes cementerios bajo la luna”, un libro testimonial y en extremo valiente al punto de ganarse con él su autor, el calificativo de “traidor” por parte de las derechas.

Bernanos describió las ejecuciones sumarias y muchas veces secretas: “En Mallorca vi pasar por la Rambla unos camiones repletos de hombres…los sacaban todas las noches de sus caseríos perdidos, cuando volvían del campo, partían para su último viaje, con la camisa pegada a los hombros por el sudor, los brazos aún cargados de trabajo del día, dejando la sopa servida en la mesa...” Y desenmascaró allí no sólo a los jefes franquistas y por supuesto a Bonaccorsi, sino que hasta les recordó a los prelados firmantes de la Carta Colectiva de los Obispos Españoles, dada a conocer el 1° de julio de 1937, que “los Evangelios son mucho más jóvenes que ustedes.”

Precisamente cabe recordar que uno de los que suscribieron aquella carta, el diocesano de Mallorca, Monseñor Josep Miralles, poco hizo para salvar la vida del sacerdote católico Jeroni Alomar Poquet, vicario de Llubí, fusilado por los responsables de la “Nueva Cruzada” al amanecer del 7 de junio de 1937: apenas el obispo envió una fría solicitud de clemencia a Franco, que llegó a destiempo. En cuanto al religioso Alomar Poquet, martirizado por ayudar a escapar hacia Menorca a varios perseguidos políticos, murió gritando “¡Viva Cristo Rey!.” Una biografía suya en lengua catalana, ha sido escrita por el jesuita Nicolau Pons i Llinás. Se titula: “Jeroni Alomar i Poquet: el capellá mallorquín afusellat pels feixistes el 1937” y se publicó en 1995.

Del padre Alomar, que yo sepa, la Iglesia no ha iniciado aún causa alguna de beatificación, como tampoco ocurrió con los miembros del clero vasco víctimas de la violencia fascista.

  • Carlos María Romero Sosa, escritor y abogado.
    Su último libro es “Destiempo de tranvías” (2012).