Secreto a voces

noviembre 6 /2010
Daniel Tort

Van Cauwlaert y María Inés Diez

A fines del mes de abril del año 2008, mediante una carta que se hizo pública a instancias de la misma interesada, la ex ministra de educación Marta Torino de Morales renunciaba a su cargo por expreso pedido del Gobernador de la Provincia. Esa apresurada salida de la funcionaria de educación fue como consecuencia de haberse editado un texto escolar oficial, que denominaba a las Islas Malvinas como “Falklands”.

El gobernador Urtubey con Van Cauwlaert y la abogada María Inés Diez, mantiene una paciencia y les dispensa consideraciones que no prodiga a los demás.

En el texto de renuncia (*), hizo notar que hubiera preferido que el mismo Gobernador se la solicitara, apuntando que no se le había dado el derecho a la defensa, y aclarando expresamente que ella no se había beneficiado con la contratación. Nunca se supo por supuesto, quién había sido el beneficiario. El grosero error, claramente no era imputable a la señora ministra, y la editorial Inti Raymi tuvo que hacerse cargo –teóricamente- de las treinta mil reimpresiones. Pero no hubo marcha atrás, y el implacable gobernador no iba a aceptar un desvío de ese nivel y nada menos que en la cartera responsable de la educación.

Cuatro días después asumió en su reemplazo el Licenciado en Economía Leopoldo Van Cauwlaert, polifuncionario de la gestión de Juan Carlos Romero, que hasta el momento había desempeñado la importantísima tarea de ser delegado en la Casa de Salta en Buenos Aires. Cuando se le tomó juramento, el primer mandatario expresó –literalmente- que en su designación estaba “el objetivo de lograr que los chicos tengan más posibilidades para formar una Salta progresista”. Lo resaltado es una cita textual, no un aporte de quien escribe. Esa frase, créase o no, le pertenece a Juan Manuel Urtubey.

Con la sanción de la ley 26.150 se estableció que todos los alumnos tienen derecho a recibir educación sexual integral en los establecimientos educativos públicos. Pero no en Salta. Lisa y llanamente durante la gestión del señor Van Cauwlaert directamente se omitió poner en vigencia esa ley nacional, y solamente después de haber sido expuesto y ridiculizado en la televisión nacional, el señor ministro se abocó al tema, con objetiva reticencia, de mala gana, y forzado por la presión generada a partir de ese programa televisivo.

El triste papel de mal actor en ese capítulo cómico de la productora CQC de este funcionario, que el mismo gobernador había presentado en el acto de asunción como el progresismo en educación, fue justificado por el mandatario con el argumento de su edad. Esto tampoco es una apreciación personal. Esa frase, créase o no, también le pertenece al gobernador de la Provincia.

El 01 de noviembre de 2010, en un diálogo con la periodista Marcela Pérez, el señor ministro progresista expresó, en relación a la educación sexual que se debería estar impartiendo en Salta pero que por su sola voluntad no se imparte, que “No es solo conocer los métodos para que sea sin consecuencias el revolcadero” Aclaro a Ud., que esta también es una cita textual, se lo juro.

De acuerdo al diccionario de la Real Academia Española, esa palabra –revolcadero- define el sitio donde habitualmente se revuelcan los animales. El ministro tuvo rápidamente que disculparse por semejante exabrupto, lo cual fue un acto prudente. Pedir disculpas al fin y al cabo, es un acto de grandeza, y hay que reconocerlo. Pero Ay¡ señor ministro, no debería haber aclarado nada. Como decía ese gran hombre, que nunca terminó la escuela primaria ni ocupó nunca un ministerio, pero que era un sabio, Don Atahualpa Yupanqui: “Mire paisano, mejor no aclare que se oscurece”.

No parece que Van Cauwlaert siguiera ese buen consejo, porque queriendo salir del atolladero, expresó que: “La sexualidad tiene una dimensión muy superior a lo que es el acto carnal del sexo. No podemos reducir la educación sexual exclusivamente al método de prevención de la maternidad”

A ver señor ministro, ¿qué parte del juramento prestado al asumir no entendió? Su deber es cumplir con la ley; y la ley dice que se debe impartir entre otros, el conocimiento de los métodos de prevención, y el primer aspecto que menciona la ley, es el biológico. Aunque a usted la forma de concretar el acto sexual por parte de los demás, y por el solo hecho de practicarlo como ellos quieran y no como usted quiera, le parezca promiscuo, no comparta, no este de acuerdo, no le simpatice, y hasta contravenga sus hipotéticos convencimientos religiosos, ello no lo exime de su deber de acatar la legalidad.

Aunque usted tampoco lo comparta, estamos en democracia, y la división de poderes implica que los legisladores sancionan leyes, y el poder ejecutivo las aplica. Su ministerio es parte de ese poder, y debería asumir que su papel es cumplir y hacer cumplir las normas vigentes. No hacerlo, y terminar imponiendo su estrechez mental condicionada por principios morales o religiosos, es un claro acto retrógrado y autoritario.

Del progresismo mencionado por el gobernador en su asunción, estamos claramente muy lejos. Dejo a salvo que usted tiene todo el derecho del mundo de profesar la ética y la religión que le plazca, pero de ninguna manera puede pretender imponérselo a los demás. Tampoco debería actuar de esta forma el gobernador, que con su silencio complaciente avala su intolerancia.

Después de estos sucesos tan desagradables, y comparando con otros casos similares, inevitablemente nos queda la sensación de que el señor gobernador no mide, o no puede medir con la misma vara a todos sus colaboradores. Por mucho menos hizo renunciar a la señora Torino de Morales, y también al señor Nicolás Juárez Campos, que por entonces estaba a cargo del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos.

Pero en el caso de éste matrimonio ministerial, compuesto por el licenciado Van Cauwlaert y la abogada María Inés Diez, mantiene una paciencia y les dispensa consideraciones que no prodiga a los demás. Recordemos que al mismo tiempo que cesaba como legisladora nacional la letrada mencionada, se recreaba muy oportunamente el Ministerio de Justicia que había sido suprimido bajo reiterada invocación de que resultaba innecesario apenas unos meses antes, y se la designaba en ese cargo en Salta, para que estrenara nueva función ahora que volvía de Buenos Aires por vencimiento del mandato legislativo.

Esta designación no es extraña en Salta, porque la modalidad de esta gestión gubernamental –lo hemos dicho en reiteradas oportunidades- es muy clara en su sentido oligárquico-conservador, y para gestionar los asuntos de Estado se ha obrado con total discrecionalidad para designar amigos, parientes, esposa, barras bravas y allegados, libertos y conversos, cerrando filas en el círculo intimo de su confianza, creando y cubriendo con ligereza numerosos cargos políticos.

Este dispendio de fondos públicos, a pesar de ser decisión unipersonal del mismo poder ejecutivo, al trascender con sus efectos a la esfera pública, afectando el presupuesto y el orden administrativo del Estado, nos concierne a todos.

La vida privada de cada uno debe ser respetada a ultranza, y nadie tiene que rendir cuentas de ninguno de sus actos en ese ámbito, y ningún tercero tiene derecho a inmiscuirse en los sucesos familiares, personales o íntimos de otro, y la figura del señor gobernador no es una excepción a esa regla.

Como integrante de nuestra sociedad, ese derecho indiscutible e irrenunciable de ser respetado en sus asuntos privados también le es aplicable a Juan Manuel Urtubey, quien goza, reitero, de idéntica prerrogativa. Pero al igual que en el ejemplo anterior referido al carnaval de nombramientos, si esos vínculos familiares o de amistad, parentesco o relación de cualquier tipo, trascienden el ámbito personal y llegan a condicionar las decisiones de gobierno, el tema pasa a ser de interés público, porque se afecta la marcha normal de la administración del Estado.

Hasta el momento, y por esa particular consideración para con éste matrimonio, todo parece indicar que en virtud de los lazos o vínculos comunes, el primer mandatario no tendría plena libertad para decidir, y se muestra con serios condicionamientos, lo que convierte esa mera cuestión estrictamente privada, en una cuestión pública. Y desde la visión periodística el tema debe ser tratado, al menos como un interrogante.

Porque llegará un momento que ni la edad, ni ninguna otra excusa banal de ese tipo será suficiente para seguir sustentando en el cargo a quien ha demostrado largamente no estar a la altura de ejercerlo.

(*) Carta de renuncia de la señora Marta Torino de Morales:

“Gobernador de la Provincia de Salta Dr. Juan Manuel Urtubey. Su Despacho:

De mi consideración: Atentamente me dirijo a Ud., con el objeto de elevarle mi renuncia al cargo de Ministra de Educación de la Provincia de Salta, con el que fuera honrada por su gobierno. Lamento que no me comunicara su decisión en forma personal, así como los motivos de la misma. Ud. conoce perfectamente que no intervine en la contratación de Cartoon ni en el proceso de elaboración de los textos. Sólo tuve acceso a un borrador de uno de los textos (Enciclopedia básica de la provincia de Salta), sin ninguna imagen, ni mapa ni gráfico alguno, en el que corregí cuestiones de estilo y algunos otros errores, por lo que no tengo responsabilidad en el error de los mapas.

Nunca manejé, hasta el momento de su publicación, ninguno de los otros textos: ni el de 1° ciclo de EGB ni los anexos de 4°, 5° y 6°. No me dieron participación en la selección de los profesionales que elaboraron los textos, eso se manejó desde Gobernación directamente con el Sr. Colombo Murúa.

Me toca asumir los costos de una falta que no cometí. Si eso le ayuda a sostener su gobierno, presento la renuncia al cargo, a su pedido, con la frente bien alta, ya que no me beneficié con esta contratación.

Lamento también que no me diera oportunidad de ejercer el derecho a defensa, ni con este tema ni con tantos otros en los que hubo mal entendidos, muchos de ellos generados en su propio entorno. Nunca busqué este cargo ni lo esperé. Me lo ofrecieron por mis antecedentes académicos.

Aposté a efectuar cambios en la educación de la provincia desde mi perfil de educadora. Evidentemente esto no fue posible. Quizás alguna vez se reconozca que trabajé sin descanso y con total honestidad, en la convicción de que estaba contribuyendo a mejorar la educación de nuestra provincia, con un costo familiar, afectivo y económico muy alto, ya que me trasladé con mi grupo familiar desde el lugar donde vivía.

Sin otro particular, saludo a Ud. con distinguida consideración.
Dra. Marta Torino de Morales