Segunda reflexión

octubre 30 /2010
Leonardo Juárez

Alguna vez empecé una nota citando al poeta frances Paul Valéry, que irónicamente señalaba que "la política es el arte de impedir que la gente se meta en lo que le interesa”. Esta fue siempre la intención de las clases dominantes pero fué mas explícita, producto de esa gran derrota cultural que significaron los noventas y que tuvo un momento catártico en la crisis del 2001,

Es necesaria hoy más que nunca la organización de esa multitud que se movilizó, esa potencia hay que materializarla en voluntad política concientemente organizada.

que quedó marcada afuego por el que se vayan todos, que signó el desprestigio de los políticos, y del entendimiento de la política, como defensa de ideas o intereses, que le daba sentido histórico en una u otra dirección a la misma, esta consigna estableció una especie de cualunquismo que le complementaba a la consigna que se vayan todos con el ¿que vengan quienes? ¿los empresarios, los militares, la iglesia, los artistas, los cineastas? ¿quien?.

Las insinuaciones instaladas desde el poder eran cualquiera de éstas menos los militantes políticos, las organizaciones políticas, ubicados éstos en el lugar del basurero de la historia con el calificativo que al periodista de turno o al ciudadano común le plazca, ninguno favorable por supuesto.

La conmovedora y fenomenal manifestación política de homenaje a Néstor Kirchner, en sus exequías funebres, muestra una modificación de lo arriba citado porque la presencia multitudinaria, de distintos sectores del pueblos, con motivaciones diferentes y/o compartidas, muestra un signo común, que una nueva generación se incorpora a la lucha política, otra vuelve a creer en la misma pero desde un lugar claro de defensa de intereses propios y concretos, es decir politica entendida como componente principal de la resolución de intereses contrapuestos y por lo tanto entendida como tensión, como confrontación, como toma de partido, sin neutralidad, es decir simple y sencillamente, como lucha de clases.

No es que antes no la hubiese, siempre existió, lo que pasa que tapadas con distintos velos, todos ellos expresaban las ideas y la voz solamente de los poderosos.

Entiendo que es temprano, para realizar afirmaciones definitivas, pero sí estoy convencido que para el campo popular no es bueno que se haga transitar la figura de kirchner, por el camino del mito, que como todos sabemos no existe para explicar nada, sino que es absolutamente operativo y que no ha servido para resolver en la Argentina, el problema principal de la política que es la construcción de una alternativa que esté dispuesta a llevar a cabo las tareas pendientes de la segunda y definita independencia de la patria.

La presencia del pueblo en la plaza y la rosada, son humus favorable para la siembra de esta tarea. Es necesaria hoy más que nunca la organización de esa multitud que se movilizó, esa potencia hay que materializarla en voluntad política concientemente organizada, que no se aferra solamente al líder como un objetivador de sus deseos, es momento de catalizar este momento, para que esta parte de la sociedad se proponga dejar de ser considerada como menor de edad, y se haga cargo, sin paternalismos, de empezar a ser constructores de un destino propio

Este es un momento de articular mas que nunca la pasión con la razón crítica, es un momento donde no solo tienen mucho que decir el gobierno, sino que fuerzas como a la que pertenezco y otras, tienen mas razón que nunca de existir, de mejor y más organizada manera, para poder ser parte de la resolución de la actual disyuntiva histórica que podemos resumir entre una Profundización de los Cambios o una Restauración Neoliberal, y por supuesto cuál va a ser la articulación política que sea la base de sustentación de un proyecto, que priorice la primera tarea.

Es real que el horizonte político de la ciudadanía, se construye desde la realidad hacia lo que conoce (pasado), en este sentido el pueblo le reconoció en la plaza a Néstor que le saca varios cuerpos de distancia a los presidentes que lo precedieron, pero nosotros tenemos la obligación de plantear el horizonte politico como “debería ser” (futuro), reconociendo lo que se hizo bien, pero necesariamente como piso, y poniendo la agenda de futuro como la única posibilidad de una salida favorable para la resolución de la crisis del capitalismo argentino, en un sentido popular y poscapitalista.