Senador dice que vio “por lo menos veinte muertos” en El Gallinato

Elena Corvalán
abril 17 /2013

El senador provincial por La Caldera, Juan Moreira (PJ), sostuvo el 15 de abril que cree que durante los años de terror, en la década del 70, hubo “por lo menos 20 muertos” en la zona de El Gallinato, en el departamento La Caldera, en el camino vecinal que conecta a la localidad homónima con la ciudad de General Güemes.

“¿Cuántos operativos de levantamiento de cuerpos vio usted?”, le consultaron. “Diez seguro, habré visto –respondió-. Los otros no los ví, me he enterado después que levantaron los cuerpos. Diez seguro ví.”

Moreira hizo estas declaraciones ante miembros de organizaciones de derechos humanos al término de la inspección ocular que el Tribunal Oral en lo Federal de Salta realizó el 15 de abril en El Gallinato, con la guía de los ex agentes Néstor Colque y Juan Carlos Gutiérrez, para reconocer el lugar exacto donde fueron encontrados los restos de la docente Gemma Fernández Arcieri y de su esposo, el comerciante Héctor Domingo Gamboa, hechos que se investigan en este proceso.

El senador fue acompañado por el intendente de La Caldera, Luis Mendaña, quien acercó su apoyo a la iniciativa de familiares de las víctimas del terrorismo de Estado para señalizar el lugar como un sitio de memoria. De hecho, concejales que fueron en la comitiva municipal se comprometieron a aprobar esta misma mañana una ordenanza en tal sentido.

Moreira contó que en 1976 vivía en El Gallinato y trabajaba en Yacones, por lo que recorría el camino vecinal todos los días, a las 5 de la mañana. Un “día venía en mi bicicleta y había tres vehículos, dos Ford Falcon y un Torino, (unos hombres) me alumbran, me dicen: ‘A dónde vas, quién sos, qué hacés a estas horas por acá’. Y uno dice: ‘Jefe, ¿qué hacemos con este?’ Y le dice: ‘Dejalo ir, pero decile que no pase más por acá’.” Eso fue, dijo el senador, en el Abra de Gallinato, en la primera curva pronunciada del camino vecinal, a dos kilómetros del camino de cornisa que conduce a Jujuy.

Moreira recordó que eran hombres de civil, con abrigos largos, con armas largas y que siempre creyó que eran de la Policía o el Ejército. Recordó también que siempre que hubo esos operativos por la madrugada, luego, cuando regresaba a su casa, a las 14 o 15, “ya estaba el cuerpo de Bomberos levantando los cuerpos”. Dijo que esto ocurrió sobre todo durante agosto, septiembre y octubre de 1976 y que cesaron en 1977.

“Más o menos hay veinte muertos ahí, (…) los bomberos (los levantaron) así, por pedazos, porque se dinamitaron. A veces estaba la mitad del cuerpo, para abajo entero, y para arriba nada, y al revés, para arriba entero y abajo nada. (El ex policía Carlos César) ‘Topogigio’ Martínez murió ahí con un pañuelo verde en la boca”, contó el legislador.

Relató que luego se compró “una moto, una Puma 98, tenía primera y segunda y tenía un pedal. Un día venía en la motito que apenitas alumbraba, cuando salgo ahí, ¡pum!, de nuevo (se encuentra con los hombres en el operativo). Como anteriormente venía en bicicleta parece que no se han dado cuenta que era el mismo, porque ahora aparecía en moto. Entonces me dicen: “A dónde va’: ‘Voy a hacer un trámite en la ciudad’. ‘Y adonde vivís’: ‘Acá’. No les dije ya que iba al trabajo, pensé: si les digo lo mismo se van a dar cuenta, yo sí los reconocí que eran las mismas personas, los mismos autos.” Moreira sostuvo que una vez más le permitieron seguir pero la advirtieron que “nunca más” pasara a esa hora.

Por eso, a partir de entonces, cuando bajaba de El Gallinato, prestaba atención para ver si subían vehículos, en ese caso se ocultaba en el monte con la moto, “esperaba que pasen y recién seguía, y cuando volvía ya estaba la Policía levantando los cuerpos. (…) Estaba todo la Policía de La Caldera, de Vaqueros”.

Para Moreira, la mayoría de los operativos y matanzas eran en el mismo lugar, en el Abra: “De ahí para allá era más muertos, (vio) otros acribillados con tiros en la cabeza, mujeres, chicas jóvenes, de la Universidad seguro que eran por las características de las chicas, tres o cuatro chicas muertas, yo las ví, vestidas con pantalón vaqueros camisitas largas, muertas con tiros en la cabeza, la sangre les corría así (señalando una línea en la cabeza)”. El senador precisó que estos cuerpos estaban al costado del camino, en la pendiente, sin llegar al arroyo.

“¿Cuántos operativos de levantamiento de cuerpos vio usted?”, le consultaron. “Diez seguro, habré visto –respondió-. Los otros no los ví, me he enterado después que levantaron los cuerpos. Diez seguro ví.”

“El lecho del arroyo quedó socavado por la explosión”

Los ex agentes Néstor Colque y Juan Carlos Gutiérrez reconocieron ayer el lugar preciso donde, en octubre de 1976, encontraron los restos humanos de un hombre y una mujer. Más tarde, por gestiones de Julio Gamboa, se pudo determinar que pertenecían a su cuñada, Gemma Fernández Arcieri, y –presumiblemente- de su marido, el militante Montonero Héctor Gamboa, quienes habían sido secuestrados de su casa en la madrugada del 25 de septiembre de 1976.

El reconocimiento, en el paraje El Gallinato, se hizo en el marco de la inspección ordenada por el Tribunal Oral en lo Criminal que juzga a 17 hombres por crímenes de lesa humanidad cometidos en Salta antes y durante la última dictadura cívico-militar. Desde el camino de cornisa que conduce a Jujuy, a unos 3 kilómetros por el camino vecinal que comunica a La Caldera con la ciudad de General Güemes, el presidente del Tribunal, Carlos Jiménez Montilla, el fiscal Ricardo Toranzos, funcionarios judiciales, gendarmes y familiares bajaron unos 80 metros por una senda de vacunos y cazadores hasta el lecho del que se conoce como Arroyo Seco, el punto señalado por los ex agentes como el lugar donde encontraron los restos, guiándose por las aves de rapiña que sobrevolaban el curso de agua.

Colque llevó la voz cantante y su compañero se limitó a aprobar sus dichos: “Veníamos haciendo rastrillaje por la ladera aquella”, contó señalando el monte del otro lado del arroyo, del lado opuesto del camino, aunque supuso que quienes cometieron siguieron el mismo sendero usado para bajar a hacer la inspección. Dijo que hubo algunos cambios en el paisaje, pero ambos testigos lo identificaron con facilidad, “por el arroyo”, que , por lo menos hasta el Abra de Gallinato, sigue por la costa del cerro ubicado a la izquierda, tomando como referencia la entrada desde el camino de cornisa.

Precisó que la explosión se hizo sobre las piedras depositadas en el lecho del arroyo. Dijo que las piedras habían sido esparcidas y que el piso “estaba socavado” por la explosión. A unos 300n metros hay una finca, pero los ex agentes dijeron que no obtuvieron datos: “La gente era reacia a dar información”, se excusaron. Sin embargo, habitantes de La Caldera, a unos 5 kilómetros, recuerdan haber oído entre “4 y 5 explosiones” en distintas oportunidades.

Según un lugareño de apellido Orellana, por aquel entonces la finca cercana pertenecía a Roberto del Cerro, luego pasó a manos de un alemán, Hube Lenker, y actualmente es un emprendimiento ganadero que pertenece a Teófila María Andrés Lavalle, quien reside en La Pampa.

El fiscal Toranzos explicó que la importancia de estas inspecciones oculares está dada “en que el Tribunal se ponga en el lugar de la situación. Primero, lo que hacen las inspecciones oculares es ratificar las testimoniales brindadas en audiencia y les da un marco de contexto de manera tal que las vuelve creíble”. En este sentido consideró que las inspecciones realizadas en este juicio “fueron muy fructíferas” porque todos los testigos ratificaron sus dichos en audiencia en el lugar del hecho.

  • Informe Elena Corvalán
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