"Sensorround"

marzo 17 /2010
Héctor Alí

El sonido "Sensorround", que se utilizó en la película Terremoto, en la década del 70, provocaba en el espectador la sensación de temblor que transmitían las dantescas escenas que protagonizaba, entre otros, el recordado Charlton Helston. Según un artículo de una revista especializada, hubo dos versiones del sonido sensorround.

Hubo fastidio entre los habitantes de Campo Quijano cuando un funcionario de Defensa Civil, atribuyó los temores y temblores a una “psicosis”.

La primera funcionaba con un generador de sonidos graves disparado por una señal de control en la película, cuando la escena lo ameritaba. Y la segunda, estaba mezclada con la pista que se realzaba con la potencia de cuatro torres colocadas estratégicamente en el cine. Para la época fue toda una novedad y su inclusión llevo a miles de espectadores a buscar aquella sensación de interactuar con la historia de ficción, sabiendo que el temblor culminaría sin riesgos al finalizar la película.

Actualmente, la tecnología sonora ha superado y perfeccionado aquellas sensaciones, con elementos dirigidos a todos los sentidos, excitando aun más el morbo telúrico del espectador. Los efectos de las películas en 3D y los simuladores de algunos parques temáticos en 4D, segregan una cuota de adrenalina que culmina con la relajación posterior y el alivio por la extinción de los temores más ocultos del ser humano.

La fascinación que produce estar en “vivo” en un terremoto, se puede medir fácilmente en los miles de visitantes que siguen concurriendo al juego que reproduce el Earthquake en los parques temáticos de Disney, en Orlando. Al margen de la diversión que provoca la efímera experiencia, podría decirse que se trata de una exploración interior hacia aquellas vivencias que jamás querrían protagonizar en la vida real.

Los temblores de los últimos días que afectaron a Chile fundamentalmente y en mucho menor grado a distintas zonas de la Argentina, estuvieron muy alejados de cualquier juego o ficción, y reprodujeron en quienes los percibieron, una mezcla de sensaciones ligadas al miedo, la sorpresa y la incertidumbre.

Las imágenes que llegan desde Chile y son captadas por aquellos que desde hace dos semanas viven con sus cámaras encendidas, retratan el pánico y el desconcierto que aterroriza a los chilenos en cada réplica. Hasta la propia presidenta Cristina Fernández de Kirchner, pudo experimentarlo cuando asistió a la accidentada asunción del presidente Sebastián Piñera, en Santiago de Chile.

Aún así, la primera mandataria no perdió el glamour y cuando todos sus colegas se tambaleaban y miraban azorados que no le cayera ninguna cornisa encima, afirmó que percibió el sismo de 7.1, “por el movimiento de las flores”. Y hasta se permitió una humorada: “Estoy acostumbrada a que me muevan el piso”, dijo, exportando la chabacana interna que mantiene con la oposición.

Desde aquel primer movimiento del 27 de febrero, que superó los 6 grados en la escala Ritchter, en Salta la tierra tampoco dejo de temblar, aunque con mucha más baja intensidad. Las consecuencias de aquel movimiento fueron extremadamente desproporcionadas.

Dos personas, un chico de 14 años y un hombre de 60, perdieron la vida por efecto de derrumbes de sus precarias viviendas. La fatalidad los sepulto debajo de los escombros, pese a vivir rodeados de inmensidad, tanto en la finca tabacalera donde falleció el adolescente, como en los cerros del Potrero Uriburu, donde murió el pastajero. También decenas de familias, perdieron sus viviendas de adobe en la Quebrada del Toro y en algunos barrios de Campo Quijano. Mientras esperan a la intemperie por soluciones que no llegan, padecen nuevas réplicas casi a diario. Por eso hubo tanto fastidio entre los habitantes de aquella zona, cuando un funcionario de Defensa Civil, atribuyó sus temores a la “psicosis” que según dijo, los afecta.

El derrumbe de un cerro sobre la Ruta 51, sepulto a un camión que transportaba una carga de litio, y hasta el momento de escribirse esta columna, el cuerpo del chofer aun no había sido rescatado. Los derrumbes constantes sobre dicha traza, fueron atribuidos también a los temblores de la zona.

Los expertos aseguran que es una etapa de acomodamiento de las placas tectónicas, que podría prolongarse por un lapso indeterminado, pero aún así no se animan a predecir cual seria la magnitud que podrían acarrear los nuevos temblores. Ello corrobora que de todos los fenómenos naturales, los terremotos tienen la impronta de lo inmanejable e impredecible.

Ni aún los países mas desarrollados de la tierra, como Japón, han podido adelantarse a su aparición, ni muchos menos evitar su efecto devastador, a pesar de las sofisticadas prevenciones edilicias de sus ciudades. Por supuesto, los efectos son mucho más catastróficos cuando alcanzan a las poblaciones más pobres del planeta, como sucedió en Haití y también en varias regiones de Chile.

El vínculo con estas manifestaciones extremas de la naturaleza no es extraño para quienes viven en esta región de la Argentina. En las últimas décadas, por ser zona sísmica, cada tanto se produjeron en esta provincia temblores que sólo alcanzaron a percibirse en los edificios de altura y por el bamboleo de alguna lámpara. Muchos de ellos sólo fueron registrados por los sismógrafos. Hace poco los habitantes de Colonia Santa Rosa y zonas cercanas, tuvieron un movimiento que causó bastante inquietud y que incluso dejó su huella en algunas grietas y caídas de mampostería.

Para que pase el temblor

La historia registra fuertes terremotos que hundieron ciudades enteras varios siglos atrás, y uno mas reciente en la primera parte del siglo 20. La Iglesia Católica le acredita a la influencia divina, materializada en las imágenes del Señor y la Virgen del Milagro, la detención de aquellos movimientos y desde entonces instruye a la feligresía a renovar cada año el “pacto de fe” suscripto con ambas deidades. Por esa razón, mientras miles de personas trataban de salir presurosos a lugares abiertos durante el sismo del 27 de febrero último, muchos fieles desafiaron el riesgo de eventuales derrumbes, ingresando a la catedral a pedirle a las sagradas imágenes por un nuevo milagro.

La caída de mampostería en una de las naves principales y alguna grieta registrada en el mismismo altar del Señor del Milagro, no impidieron que la Catedral permaneciera abierta y que sus propias autoridades alentaran a los sufrientes a concurrir al templo a rezar sus oraciones. Incluso hubo quienes se mostraron convencidos de que el escaso daño provocado por el temblor fue producto de un “milagro”. Aún así, las imágenes permanecieron en sus proscenios y la naturaleza, al menos hasta ahora, se encargó de no volver a poner a prueba de sus propalados atributos.

Una causa penal fue abierta contra NN, ante denuncias de personas que culparon a algunos comercios del centro por haber cerrado sus puertas durante o después el sismo, para evitar que los ocasionales clientes se fugaran sin pagar. Las presuntos responsables aún no fueron identificados, pero en la memoria colectiva seguramente perdurara la impresión de perplejidad y rechazo a un acto tan temerario y mezquino.

Los temores que sucedieron a aquel movimiento y que se potenciaron en cada réplica, no sólo alimentan la incertidumbre por la magnitud que podrían alcanzar las fuerzas desatadas de la naturaleza. Hay una marcada desconfianza por la eficiencia de la reacción oficial ante una eventual emergencia y mucha alarma por la resistencia tanto de las antiguas construcciones como de los edificios más nuevos construidos casi a mansalva en el microcentro.

Las profecías que sitúan el Apocalipsis o final de los tiempos para estas épocas, acumulan cada vez más créditos. El mundo entero es escenario de las peores catástrofes. La sucesión de terremotos y tsunamis devastadores en Haití y Chile, las inundaciones en Brasil, la ola de calor que invadió a EEUU y Europa y las posteriores nevadas y fríos polares que sacudieron las mismas regiones, las prolongadas sequías del litoral argentino, los huracanas y ciclones que barren las zonas costeras del caribe.

Todos ellos no parecen situaciones aisladas o desvinculadas entre sí. Mientras los geólogos mas conservadores aluden a los reacomodamientos que el planeta experimenta cada tantos millones de años, los ambientalistas responsabilizan a los daños y abusos causados por las pruebas nucleares, la emanación de gases industriales, los desmontes, el reencauzamiento de los ríos y la construcción de las grandes represas, la explotación minera y otros azotes provocados por el hombre ante su inmediatez mercantilista.

Para algunos estas son condiciones del progreso, para otros es un retroceso que puede llevar a la Tierra a su propia evaporación. El cine, así como fabrico la experiencia de un terremoto en los ´70, ya se atrevió a pronosticarlo en 2012, con el cataclismo que preanuncian las profecías mayas y en otras películas del tipo catástrofe. Frente a estas manifestaciones reales de la naturaleza, es impredecible pensar que pronto ya no haya que pagar una entrada para interactuar con la peor de las pesadillas.

  • Héctor Alí, periodista