Sobre el uso político de los muertos

octubre 25 /2010
Daniel Cadabón

Las burradas derechistas, en la cabeza de los progres, son un veneno que intenta forjar la idea social de que las victimas, de la represión estatal en democracia, son victimarios o que, en definitiva, se lo buscaron. Para esto, no reparan en recurrir al arsenal de la teoría de los dos demonios, aunque por su falta de valentía lo hagan en forma solapada, encubierta y vergonzante.

Consejos, advertencias, amenazas. Uso político de una muerte militante para ensalzar al oficialismo.

No soy filósofo, jamás pude, por ejemplo, escribir el nombre de Heidegger sin recurrir al diccionario; es más, antes de discutir con un filósofo preferiría seguir discutiendo durante horas con mis compañeros y amigos sobre viejas anécdotas de talleres, maquinas herramientas, afilado brocas, herramientas de corte o puesta a punto de motores de explosión.

No es que me jacte de esto ni que lo reivindique, pero siempre me pareció más interesante el sonido de un torno maquinando una pieza dentro de las tolerancias micrométricas, que los interminables debates filosóficos sobre el ser y el tiempo.

Pero han asesinado a Mariano Ferreyra, joven militante del Partido Obrero, y esto ha conmovido todas esas rutinas; porque cuando un compañero militante es asesinado por una patota derechista hay que salir en su defensa aun en contra de los filósofos y toda la calaña de progres por más neutros y prestigiosos que puedan parecer.

Las burradas derechistas, en la cabeza de los progres, son un veneno que intenta forjar la idea social de que las victimas, de la represión estatal en democracia, son victimarios o que, en definitiva, se lo buscaron. Para esto, no reparan en recurrir al arsenal de la teoría de los dos demonios, aunque por su falta de valentía lo hagan en forma solapada, encubierta y vergonzante.

No hay que negar el empeño con el que trabajan en esto; la democracia burguesa es única e irrepetible, una graciosa concesión de la burguesía a las masas del mundo, que de no existir deberían soportar el yugo de la dictaduras.

“No es lo mismo alguien que te decepciona que un enemigo mortal”.
José Pablo Feinmann –el bueno (¿?)- en su columna de Página/12 de este domingo, cree haber descubierto una frase que serviría al objetivo final de justificar al kirchnerismo frente a la crisis abierta por el asesinato del joven militante Mariano Ferreyra.

Puede ser que el kirchnerismo sea decepcionante, afirma el autor , pero nunca “un enemigo mortal”. Esta es, sin duda, toda una toma de posición arriesgada por parte del filósofo, a apenas cuatro días de un crimen que aun no esta esclarecido. Pero Feinmann, parece ser un hombre que no se deja amilanar por las minucias que puedan revelarse después de una investigación hasta ahora inconclusa y avanza enfático en esto de delinear: quién te decepciona sin volverse tu enemigo y quien como enemigo no te decepciona, obvio.

Por extensión, Feinmann, explota su categoría de análisis en un sentido histórico que abarca a la propia democracia de los ´70; democracia que implicó uno de los regímenes más decepcionante para los trabajadores y donde se mezclaron una mayor explotación social basada en la represión, con la corrupción y el armado de bandas paramilitares que atacaron sin piedad cualquier manifestación independiente de las organizaciones obreras.

Sin embargo, el autor, considera que no se debería asimilar a esa democracia setentista con el rol de enemigo mortal, por lo menos, sin previamente analizar cuales fueron las posibles causas de ese comportamiento anómalo de las instituciones “decepcionantes”. Para Feinmann la cosa se resuelve en una sigla, el ERP y en una ideología, la izquierda.

El filósofo destaca que “hubo siempre en la Argentina una izquierda que desconoció está verdad”, la de que “no es lo mismo alguien que te decepciona que un enemigo mortal” y da un ejemplo: “La Proclama que el ERP lanza ante la llegada de Cámpora al poder es reveladora: como Cámpora no hará la Reforma Agraria, no expropiará a las empresas monopólicas ni disolverá el poder de las Fuerzas Armadas, Cámpora es tan burgués como Lanusse”.

Feinmann oscurece un poco sus argumentos, al agregar en el mismo párrafo dos hechos sucedidos con meses de diferencia y con gobiernos diferentes (Cámpora primero y Perón despues) y al no explicar que significado histórico le da a esta famosa proclama del ERP en la coyuntura camporista. No lo dice, pero podemos deducirlo: para Feinmann no fueron ni la masacre de Ezeiza organizada por las bandas paramilitares peronistas de derecha ni el lopezregismo ni la incapacidad del camporismo para cumplir con su misión de frenar la resistencia obrera en contra de los abusos de la patronales ni el impulso del imperialismo a los regímenes de fuerza en la década del ´70, lo que hizo que el gobierno de Cámpora cayera sin pena ni gloria; fue esa proclama “desacertada” del ERP, “al que no le importaban las coyunturas políticas”, lo que terminó con el gobierno del tío, abriendo una de las etapas más sangrientas de la historia argentina.

De este análisis a terminar argumentando que la ofensiva derechista en contra del movimiento obrero de los ´70 estaba justificada en el accionar de un grupo de la izquierda, como lo afirmaron los teóricos de los dos demonios, hay un solo paso y el filósofo (bueno¿?) lo da, apenas unos renglones más adelante.

“Así, el ERP ataca la guarnición militar de Azul pocos días antes de la reunión de los diputados peronistas con Perón, entregándole a Perón todos los motivos para demonizar a los jóvenes al acusarlos de ese hecho y, prácticamente ante las cámaras de televisión, condenarlos a muerte”; a esta altura el filósofo ya no duda en considerar la política represiva de la década del ´70 casi como una reacción defensiva del peronismo en contra de esa orientación desacertada de los militantes de izquierda que no entendieron, como Feinmann, que “no es lo mismo alguien que te decepciona que un enemigo mortal”.

Para hacer entrar la historia en su argumento, el filósofo se ve en la necesidad de desconocer que el peronismo de los ´70 fue convocado por el Gran acuerdo nacional no sólo para “decepcionar a las masas”, sino, y sobretodo, para derrotarlas en su creciente politización clasista y antiburocrática. Feinmann, no lo dice y al intentar desacreditar a la izquierda termina embelleciendo a la derecha, justificando sus golpes represivos.

El autor, tampoco dice que la gran batalla de Perón se dio fundamentalmente en los sindicatos, pero no par desarrollar una mayor autonomía o democracia sindical, sino para devolvérselos a la burocracia. Fue esto lo dio origen y puso en marcha un conjunto de leyes antiobreras y penales que tuvieron su presentación en sociedad el 1ª de mayo de 1974, obligando a los montoneros a abandonar la plaza “de Perón”

Puede que Perón haya usado el copamiento de Azul para llevar agua a su molino represivo y para justificar el accionar de las bandas de la triple A; pero las leyes, a las que el filósofo hace referencia y que convocaron a los diputados de la izquierda peronista frente a las cámaras de la televisión, no se prepararon en una semana.

Cuando el ERP intentó el copamiento del regimiento de Azul (19/01/74) la leyes penales represivas y la de Asociaciones sindicales ya estaban decididas, discutidas y escritas.

Fue a fines de enero de 1974, apenas diez días después de Azul, que el General, recibió con las cámaras de televisión encendidas a su “juventud maravillosa”, los escuchó unos minutos y luego dio un largo discurso donde los retó públicamente (en realidad los recagó a pedos): "el que no esté de acuerdo se va", los amenazó. Ocho de los diputados juveniles renunciaron a sus bancas y fueron expulsados del Partido.

Es que Perón y peronismo de derecha, arribaron al gobierno, ante la retirada de la dictadura, con la intención primordial de recuperar las organizaciones sindicales de manos de “la amenaza zurda”.

Por eso tenemos el derecho a preguntarnos ¿a qué refiere, el filósofo “bueno”, con todo este intríngulis histórico y deformado en medio de un contexto en el que aparece un militante de izquierda asesinado?

Deducimos que, al menos que el filósofo no sea tan bueno y entonces desconozca esta parte de la historia, toda esta deformación de los hechos origine una amenaza que termine por justificar el accionar patotero ante la acción militante; un alerta a los “jóvenes de izquierda” para que con sus protesta no disparen la reacción burguesa y si lo hacés “después no te quejes”, si encontras en el lugar de la decepción a un enemigo mortal.

Así y todo, debemos reconocerle a Feinmann en su articulo el poner los puntos sobre las íes. Porque termina aceptando que para el progresismo argentino es preferible la “decepción” -es decir, la aceptación resignada de la ofensiva burguesa y sus patotas sobre la clase obrera- que la resistencia a esa ofensiva. Para el filósofo, como para el conjunto del progresismo, en la democracia burguesa los trabajadores y sus organizaciones deben inclinarse agachando la cabeza y vivir como rehenes de los dictados de los poderosos, única forma de evitar que se despierte la bestia.

Está claro, el filósofo en su artículo no sólo aconseja, fundamentalmente advierte - una suerte de amenaza- sin temor a que se le critique la deformación no sólo de la historia, sino también del presente. Para esto, el autor realiza un malabar sorprendente: no existiría nada en el kirchnerismo que impulse el uso de patotas, todo lo contrario, las patotas serían una especie de exculpación social reaccionaria.

La patota que asesinó a Mariano Ferreyra fue estimulada, de acuerdo al filósofo bueno (¿?), por un discurso opositor antipiquetero que circula en la sociedad y que termina por excitar la psicología patotera de la burocracia sindical para terminar con los “zurdos” – no hay duda que la filosofía de Feinmann se las trae-.

El oficialismo, por el contrario, en esto no tiene nada que ver ya que no esta dispuesto a usar las fuerzas de seguridad para reprimir las manifestaciones obreras, (¿se olvida el filósofo de la represión a los piqueteros, a los trabajadores del Hospital francés, a los obreros de Terrabussi?) no importa entonces que la policía libere las calles o que conspicuos integrantes de gobierno y sus periodistas amanuenses anden a los besos con los integrantes de las patotas sospechados de homicidas, mientras comparten fiestas y fotos.

Feinmann destaca la existencia de un discurso social que hace eje en que “Hay que terminar con ese piqueterismo pendenciero que este Gobierno ha tolerado hasta extremos inauditos”(…) Sobre todo si se trata de esos malditos “zurdos” de siempre”, este el carburante para que “la patota sindical se sienta autorizada”.

No sería entonces la autocrítica presidencial frente a los grupos de la derecha sindical lo que agranda a los burócratas, ni la multitudinaria movilización a River detrás del proyecto Moyano -donde la presidenta se pone la camiseta de la JSP- lo que los autoriza a considerar que los sindicatos nuevamente “son de Perón”. No; según el filósofo, seria el discurso de una derecha reaccionaria, que ha hecho cuerpo en la sociedad, lo que habilita a los sicarios para apretar el gatillo.

Si fuera así, hasta la burocracia podría apoyar esta propuesta de análisis psicosocial ya que quedaría medianamente limpia en su accionar asesino al responder, casi, a un mandato social.

De todas maneras, aunque sabemos que el esfuerzo del autor no este puesto en esta explicación psicosocial, sino en levantar la prenda del kirchnerismo en su relación con las patotas, le quedaría por revelar que fue lo que llevó a que una sociedad tan reaccionaria se movilizara tan masivamente a las 24 hs de acontecido el asesinato Mariano Ferreyra.

Feinmann, quiere lavarle la cara al kirchnerismo y de paso, si puede al peronismo de Perón.

Toma como accionar patotero paradigmático de los ´70 la irrupción de bandas armadas a la ciudad de Villa Constitución (1975), obviando las violentas intervenciones provinciales realizadas por bandas armadas y fuerzas de seguridad con Perón vivo (ya nada es casual); dice: en esas épocas las patotas “Se sentían parte del poder, lo eran. Pero esta patota, la que asesinó a Mariano Ferreyra, no es parte del poder, ni mucho menos del Estado”. Naturalmente Sr. Feinmann, aunque la patota que asesino a Mariano participe en las fiestas de los capitostes del estado, sonrían para las fotos y llenen los actos oficiales.

Pero hay un punto aun más penoso en todo este asunto, si se puede. Y el filósofo al intentar mostrarse sarcástico con los compañeros del partido de Mariano, va a terminar escupiendo para arriba.

“Supongamos, compañeros del PO (aunque ustedes no me quieran como compañero, pero no me importa: para mí ustedes tienen ideas e ideales, son jóvenes, pelean contra lo que creen injusto, y están –es mi opinión– equivocados porque no han aprendido a ver los matices, las diferenciaciones fundamentales entre las políticas burguesas que llevan en sí la muerte y las que no, no entienden que hoy, aun si ustedes llegaran al poder, no podrían hacer otra cosa que “capitalismo”, “políticas burguesas” o saldrían brutalmente expulsados en dos días a lo sumo)”. Para Feinmann, el kirchnerismo no es otra cosa que una hemorragia de realismo y entonces intenta devaluar a los que luchan.

Dado que no se puede hacer otra cosa que “capitalismo o “políticas burguesas” para qué luchar. ¿Para qué luchaste Mariano? ¿Para que diste todo lo que tenías? Si el filósofo ha hecho del capitalismo una política universal, necesaria y suficiente. ¿Para qué todos los días y en todo el mundo cientos de combatientes dieron y dan la vida en guerras antiimperialistas y anticapitalistas, si van a terminar haciendo “capitalismo” o “políticas burguesas”? Ay¡¡ filósofo bueno (¿?) tus argumentos parecen sacados del manual de kirchnerismo puro. Algo así parece haberse preguntado la presidenta cuando comparó una puerta con una vida. Vamos muchachos ¿Para qué rompen una puerta si después no se aguantan un balazo?

“El joven Mariano Ferreyra - prosigue Feinmann- si militaba en el PO lo hacía porque tenía la certeza de que todo es el Poder. Que no hay matices. Que no hay con quién dialogar (¿igual que el ERP, Feinmann?). ”.

“Recuerden ese consejo de oro: no es lo mismo alguien que te decepciona que un enemigo mortal. Por decirlo claro, lo que sigue a esto es un enemigo mortal”

Consejos, advertencias, amenazas. Uso político de una muerte militante para ensalzar al oficialismo.

Mariano Ferreyra ya no está para discutirle al filósofo y Elsa Rodríguez no despierta aun para decirle con un tono barrial franco: “che, filósofo, sabes lo que podes hacer con tus consejos y con tus políticas burguesas…”

Juicio y castigo a los asesinos materiales e intelectuales del compañero Mariano Ferreyra.

  • Daniel Cadabón
    Especial para Salta Libre