Sobre la cultura boliviana en Salta

noviembre 28 /2010
Carlos Pagano

Celebración por la Vírgen

El autor de esta nota cuestiona un artículo aparecido en el semanario El Intransigente de Salta (Del 12 al 18 de noviembre de 2010, página 10), titulado Con la Virgen de Urkupiña, todo el año es Carnaval. firmado por José de Álzaga. Con sutiles formas discriminatorias, xenofóbicas y típicas del llamado “racismo a la Argentina”, se habla de “esta invasión cultural” cuando toca las celebraciones religiosas y del carnaval con que los residentes bolivianos.

Sin mucha sutileza al autor le “salta el indio” racista y discriminatorio pues encuentra una “ausencia de políticas migratorias” y falta de “disciplina” y de “orden

Ilustrado con tres fotografías a color, el artículo describe aspectos de la introducción y el desarrollo de las devociones a la Virgen de Urkupiña (y otras) que se instalan en nuestra ciudad a causa del flujo de nuestros hermanos bolivianos a Salta.

La descripción relaciona procesiones con “el baile de los caporales”, del cual observa que hace una década resultaba un fenómeno extraño y “pintoresco”, debido a los inusuales colorido y algarabía musical de aquéllas, pero que, con el tiempo, en Salta “todo el año suenan cohetes”, dice. Esta relación entre el baile y la devoción lo lleva a describir elementos de su origen y de los atuendos usados en él.

A poco de andar, el artículo genera un primer asombro, pues no sabemos bien qué quiere decir el autor cuando, luego de hablar de los bailarines y al referirse a las faldas de las bailarinas, anota que las mismas “en la actualidad se ha recortado hasta el límite de su sugestivo” (sic). No podemos determinar si ese “su sugestivo” alude a alguna parte de la falda…o a alguna referencia anatómica específica femenina.

Luego, el artículo hace una mención a “la incesante migración de naturales bolivianos que llueven en busca de mejores condiciones de vida”.¿Se referirá a los españoles que también “llovieron” en distintas olas migratorias desde que “el grito de Pinzón hirió la tierra”, como de los “naturales” u “originarios” de España? Cuesta suponerlo. ¿Será capaz de referirse a los originarios de la Vasconia como a los naturales del país vasco, o a los naturales alemanes que “llovieron” exiliados a causa del nazismo, o a los naturales ingleses que “garuaron” en la Patagonia? Nos caben serias dudas acerca de una posibilidad de trato humano paritario.

Con sutiles formas discriminatorias, xenofóbicas y típicas del llamado “racismo a la Argentina”, se habla de “esta invasión cultural” cuando toca las celebraciones religiosas y del carnaval con que los residentes bolivianos, subrayémoslo, enriquecen nuestra Salta y todo el país, tal cual lo hicieron y lo siguen haciendo los turcos en Alemania, para poner sólo un ejemplo, que comprobamos directamente y no a los apurones de turista.

Se desliza un dato positivo del “fenómeno” al hablar de “una verdadera democracia espiritual”, puesto que en las festividades no hay diferencias entre cambas y collas ni entre argentinos ni bolivianos. Pero esa valoración se oscurece cuando al artículo, sin mucha sutileza, se le “salta el indio” racista y discriminatorio pues encuentra una “ausencia de políticas migratorias” y falta de “disciplina” y de “orden” de la tal “democracia espiritual” que había detectado un párrafo antes; la misma ahora se torna en una muy discutible necesidad de “preservación del patrimonio cultural”, como si los hermanos bolivianos, con la potencia espiritual de sus culturas (ponemos en plural ex profeso), tuvieran alguna responsabilidad en que nuestro tal patrimonio cultural -que vaya uno a saber a qué se refiere con ello- corriese algún supuesto peligro.

Finalmente, el racismo eurocéntrico colonialista del artículo se hace explícito al pretender que debemos actuar nada menos que con los hermanos de Nuestra Abia Yala, aún llamada América, del mismo modo que los racistas franceses lo hacen con los gitanos o rumanos, los alemanes con los rusos (que además, lo hacen con los kurdos y otros pueblos), o como los otros cancerberos estados como el español o el italiano con marroquíes o con los mismos argentinos. Semejante mentalidad se distancia por lejos de la necesaria superación del pretendido “choque de civilizaciones” hacia sociedades humanamente interculturales y solidarias, imperativo ineludible de nuestro tiempo y que nos obliga, como mínimo, a la presente puntualización.

  • Carlos María Pagano
  • Profesor de Filosofía