Terrabusi y la dictadura

septiembre 26 /2009
Daniel Cadabón

Sin lugar a dudas el kirchnerismo se imponía, hasta acá, el darle un carácter original a todos sus actos de gobierno. Sin embargo, en la feroz represión desatada contra los trabajadores de Kraft-Terrabusi, que luchan por la defensa de sus fuentes de trabajo, demuestra que los recursos usados por los “nacionales y populares” no se diferencias de las épocas de plomo de la dictadura militar.

El kirchnerismo en su afán por acordar con el FMI ha entrado en declarado estado de descomposición.

La planta de Terrabusi funcionó durante horas, y aun continúa funcionando al momento de escribir estas notas, como un centro de detención clandestino.

Gases, balas y perros en contra de trabajadores indefensos que siguen detenidos en condición de desaparecidos, ya que nadie da informaciones sobre donde los tienen. Las denuncias abarcan la aplicación de tortura dentro de la fábrica, golpes en contra de los detenidos que continúan privados del derecho a la legítima defensa, sin que se pueda conocer su estado físico ni la identidad de los obreros de Kraft-Terrabusi detenidos-desaparecidos por la fuerzas policiales y la gendarmería.

Organizada por el jefe de Gabinete Aníbal Fernández, a pedido de la Unión industrial argentina y del propio gobierno de EE UU, la represión no guardo en esta oportunidad el cuidado por los símbolos “democráticos”, tan caros al gobierno y a sus acólitos seguidores de los organismos de DDHH y del centroizquierda. Todo lo contrario. Los organismos de derechos humanos, creados o coptados por el gobierno, sirven de excusa para organizar una de las peores represiones de los últimos años.

La policía que utilizó recursos bestiales para desalojar a trabajadores indefensos, cargando sobre mujeres y niños presentes en el lugar - según las propias declaraciones del coordinador del operativo, oficial Salvador Baratta- contó con la supervisión de la secretaria de Derechos Humanos del gobierno.

Aníbal Fernández no es nuevo en estas gloriosas lides de arremeter contra trabajadores indefensos. El ministro, que responde tan servilmente a los intereses de la patronal imperialista de la Kraft, como a sus patrones nacionales de la UIA, todavía tiene que rendir cuentas sobre su responsabilidad en el asesinato de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki en puente Pueyrredon, en junio de 2002.

Pero Fernández, por más represor que pueda ser, no hace otra cosa que responder a las ordenes de su Jefe y de la señora presidenta, la que en estos momentos se pavonea por EE.UU buscando un acuerdo con el FMI y aplaudiendo los planes guerreros del “progresista” Obama, que pretende declararle la guerra a Irán, para quedarse con su petróleo, como antes Bush se la declaró a Irak, con la misma intención.

El conflicto de Terrabusi no sólo desenmascara toda la hipocresía de la demagogia populista del kirchnerismo. El papel de las centrales sindicales es la otra pata de este sistema represivo. Tanto el gordo Daer, como el “combativo” Moyano, prepararon el clima represivo al denunciar el supuesto “extremismo” de los trabajadores en lucha.

Tampoco esto es original. Moyano hacía declaraciones similares tres décadas atrás cuando justificaba el accionar de la paramilitar triple A. Daer se reserva el papel de provocador en contra de las bases de su propio gremio y, porque no decirlo, de consuetudinario forro de la patronal.

Pero si hay un papel escandaloso en toda esta trágica historia antiobrera es el que cumple la CTA de Yasky. Durante todo el conflicto, la “central alternativa” no movió un dedo a favor de los trabajadores; puede que ahora saque alguna declaración edulcorada de condena a la represión en general, pero durante todo este tiempo defendió objetivamente la tesis de Moyano y la UIA al pronunciarse en contra de los “métodos que como Central no aprobamos”.

Por último, cabe destacar el papel de una prensa desclasada y parapolicial que inunda tantos los medios públicos como privados. El apasionado relato de algunos “periodistas” que contaban la represión como si se tratara de un partido de futbol no deja lugar a dudas: se necesita una nueva prensa, que no la vamos a encontrar en la nueva ley del gobierno derechista K; los trabajadores, sin embargo, harán rápidamente la experiencia sobre la necesidad de una prensa independiente que responda a los intereses de la lucha en contra de los despidos y por la defensa de sus intereses.

La represión en Terrabusi deja varias enseñanzas. La patronal de Kraft intenta despedir masivamente trabajadores para ajustar ritmos de producción y salarios a la baja; para esto intenta descabezar la organización interna de la fábrica.

La complicidad con los despidos por parte del gobierno (Ministerio de Trabajo, fuerzas policiales), la burocracia sindical, la prensa burguesa y la Justicia, muestran que ésta política es una política de estado. El kirchnerismo en su afán por acordar con el FMI ha entrado en declarado estado de descomposición.

La defensa, por parte de los sectores democráticos y combativos de la sociedad, de la lucha de los trabajadores de Terrabusi, va más allá de la solidaridad con un grupo de trabajadores en conflicto, es la defensa de los propios derechos del conjunto de los trabajadores y la movilización en contra del estado policial que se manifiesta detrás de esta represión kirchnerista, que utiliza plantas fabriles como centros clandestinos de detención.