Un adiós a García Márquez: El Cervantes del Siglo XX

Lic. Carlos Liendro
abril 18 /2014

Murió el jueves 17 de abril el Cervantes del siglo XX. Cien años de soledad es la obra maestra de la lengua española. Fue traducido a treinta y seis idiomas y ese libro lleva vendido un millón de copias. Tardó 18 meses en escribirlo. Entre las miles de anécdotas que se cuentan, está aquella- creo que en Rusia- que luego de leer el libro una persona se puso a copiarla para tratar de entender cómo había cruzado todos esos personajes. Extraña coincidencia, Gabriel García Márquez murió como uno de sus personajes: un jueves de semana santa [1]

Crónica de una muerta anunciada

El Gabo era muy supersticioso. Por eso dicen que nunca más quiso volver a Buenos Aires. Aquí fue donde un editor descubrió Cien años de soledad.

Tal vez era la crónica de una muerte anunciada, porque venía padeciendo a sus 87 años un fuerte degeneramiento neuronal. Ya había anunciado que no volvería a escribir más. Muchos olvidan que Gabo, era más periodista que escritor de novelas, y dentro de la literatura quiso ser más poeta que novelista. Por eso cuando anduvo en la mala -empeñando cosas para sobrevivir- uno de los rechazos que tuvo de las edioriales por Cien años de soledad, fue que a pesar de no editarle el libro, encontraban en él una alta calidad poética. Eso lo ayudó para seguir escribiendo sino se hubiera terminado suicidando, cuenta en sus memorias.

Rodolfo Bracelli quien lo entrevistó en 1996, cuenta las peripecias que tuvo que hacer para llegar al autor de El coronel no tiene quien le escriba: la conexión fue Pablo Escobar Gaviria, en Colombia. Gabo estaba viviendo en Cartagena de Indias. Había intentado por muchos medios- incluyendo su agente editorial Carmen Balcells en Barcelona- pero no podía acceder a entrevistarlo. De allí sale un libro de Bracelli Ciento un años de soledad que tiene dos entrevistas: la real, realizada en Colombia y una imaginaria donde va a ver a García Márquez que está cumpliendo ciento un años y lo ayuda a fugarse de la terapia intensiva del hospital. Esto ocurre entre el 5 y 6 de marzo de 2029.

Norman Mailer [2] era otro gran admirador del Gabo. Lo que contaba en pocas paginas decía el autor de Los desnudos y los muertos era imposible para él. En esas páginas ya estaba la vida de todo lo que iba a desarrollar de la trama, pero lo que más admiraba era el estilo antes que la estructura. Seguramente podía ver en la escritura de sus cuentos o novelas, algo de Faulkner. En cómo este describía el sur de los EEUU y su pueblo de ficción [3], como García Márquez hacía con Macondo, que era la transcripción de su infancia en Aracataca. Su madre le prohibía que escriba sobre las historias que circulaban en su familia; por eso él las entremezclaba, entre los paisajes, las emociones y la memoria.

El tono de su escritura, la voz de quien relata, Gabo la había tomado de los relatos que le hacían sus abuelos. Es lo que reconocemos de la calidad de sus palabras: hielo en medio del calor de la selva, amores fugaces y eternos, tristeza recóndita, olores de determinados lugares.

Todo eso nos hace sentir su prosa. De Hemingway había tomado aquello de lo que padecen los grandes escritores- no sufrir- por la página en blanco. La fórmula era dejar una frase a la noche y luego empezarla temprano por la mañana. .

De la santísma trinidad, en la época del boom de los ‘60 se cuentan muchas historias. Una de ellas era la trompada que le pegó Varguitas [4], cuando comenzaba a despegarse del marxismo latinoamericano. García Márquez siempre fue coherente en su ideología. Estuvo al lado de la revolución cubana: en las buenas y las malas. Creó junto al cineasta Fernardo Birri, una escuela de cine [5]. Fidel se ocupó de conseguir el inmueble para que cuanto antes comenzaran los seminarios y los cursos. De allí salieron innumerables cineastas y guionistas para toda Latinoamérica.

Cine, otra pasión

Su pasión por el cine era infinita aunque nunca permitió que se filmara su libro CIEN AÑOS DE SOLEDAD. Ya sabía que cuando alguien vende su ’alma al diablo’, puede suceder cualquier cosa, como cuando muchos grandes novelistas venden su obra a Hollywood. Había visto como destrozaron algunos de sus novelas y cuentos en adaptaciones.

Dijo finalmente del cine: “somos como un matrimonio mal llevado, no puedo vivir con el ni sin el”. Entre las obras que llegaron al cine están: El coronel no tiene quien le escriba (dirección de Arturo Ripstein), Crónica de una muerte anunciada (dir. Francesco Rossi), El amor en los tiempos del cólera (dirigida por Mike Newell), Del amor y otros demonios (dirigida por Hilda Hidalgo) y Memorias de mis putas tristes (dirigida por Henning Carlsen). Casi todas presentadas en el Festival de Cine de Cartagena.

El Gabo era muy supersticioso [6]. Por eso dicen que nunca más quiso volver a Buenos Aires. Aquí fue donde un editor descubrió Cien años de soledad, que venía siendo rechazada de varias editoriales. Se las iba enviando por capítulos, hasta que al final salió por este sello de Argentina y fue su consagración.

Cuando fue a recibir el Premio Nóbel de Literatura, en 1982, tuvo una fuerte custodia, porque había alguien que le enviaba - en chiste y con un fuerte humor negro- que lo iban a matar. Ahora ya la leyenda- como el realismo mágico- dice que esa broma él se la hizo a Pablo Neruda cuando fue a recibir el Nóbel. De aquel discurso del Nóbel, (circula por allí su voz en internet), citamos el inicio- para que vean como García Márquez estaba fascinado con las historias fantásticas, que lo asemejan a Las mil y una noches [7]

  • “Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen”.

Uno de los libros favoritos del Gabo eran Los diarios de Cristóbal Colón donde está algo de la fuente de su literatura.