Un decálogo de objeciones sobre la Justicia de Salta

Daniel Tort
septiembre 27 /2014

Pamela Caletti, Ministra de Justicia de Salta

En reiteradas oportunidades hemos manifestado con fundamentos claros y precisos, que el sistema judicial salteño está colapsado y por ende no brinda en ninguno de sus fueros, un nivel de eficiencia que satisfaga las necesidades de los ciudadanos.

¿Jurado experto o lego?: zapatero a tus zapatos...

Las funciones de este Ministerio de Justicia transitan por cualquier esquema secundario, pero nunca por el trascendental y primario que debería ser intentar un remedio para el caos en el que se encuentra.

La falta de inversión suficiente del gobierno actual y de los anteriores, sumado a un prolongado periodo de una pésima administración en manos de un presidente objetivamente carente de capacidad para gerenciar el sistema, han llevado al estamento del Poder Judicial a un estado límite.

La designación de la nueva ministra del área, la señora Pamela Caletti, no aportó ningún remedio a esta letanía, sino que por el contrario al tiempo de asumir frustró todas las expectativas de los usuarios habituales del sistema afirmando que teníamos una justicia de lujo.

Una frase como ésta revela inevitablemente una disyuntiva clara: o bien la novel funcionaria no tiene la menor idea del ámbito en el cual deberá desenvolverse, o peor aún, conociendo el verdadero estado de cosas ha decidido encubrirlo.

Y así las funciones de este ministerio transitan por cualquier esquema secundario, pero nunca por el trascendental y primario que debería ser intentar un remedio para el caos.

Basta ingresar a la página del Ministerio de Justicia para advertir que hay dos temas predominantes que acaparan casi toda la estéril actividad de la señora ministra, el primero es la machacosa y tediosa temática sobre la mediación, capacitación sobre mediación, cursos sobre mediación, capacitación de capacitadores de mediación ¡¡¡¡ Socorro!!!! Y el segundo es la innovación última del cholulismo progre que quiere aparentar genialidades: el juicio por jurados.

Claramente lanzados a promocionar tanto el gobernador como su colaboradora, este sistema retrógrado y perjudicial para la organización de la justicia, se dictan cursos, se hacen simulacros, y se tienta a la ciudadanía con fantasías de futuros éxitos bajo el esquema mentiroso de que se alienta la participación de la ciudadanía, se democratiza la justicia y se gana en equidad y calidad.

Toda esa parafernalia oficialista que sirve a los profesionales de la política para mantenerse en cartelera y presentarse como originales innovadores, no implementa en realidad ningún debate serio, porque en todos los seminarios, talleres y simulacros, solamente se hace participar a los que están de acuerdo con el engendro, pero nunca a los que se oponen.

El decálogo perjudicial

Si se diera real oportunidad al sincero intercambio de ideas, los que pensamos que este sistema es perjudicial para la justicia, podríamos plantear una serie de objeciones fundadas, que sintéticamente desarrollamos aquí mencionando sólo las más conocidas:

  • 1. Si el sistema judicial es lento e ineficiente, lo que hay que hacer es corregir los errores y no recurrir a la falacia de que con el juicio por jurados se ganará en calidad. El sistema de elección de miembros, las recusaciones, excusaciones, falta de presupuestos, etc, atentará aún más a la falta de celeridad.
  • 2. Cuando se produzca una inequidad, un fallo injusto o un error grosero en los resultados, la responsabilidad ya no será de los jueces sino de los legos, lavándose las manos los que deberían usarlas para administrar justicia.
  • 3. En todas las áreas de las distintas ciencias que influyen en la vida de los humanos, se busca el avance del conocimiento, el perfeccionamiento de los especialistas, los cursos de posgrado y los doctorados, para asegurar calidad en las prestaciones. En el juzgamiento a personas a las que podría costarle la prisión perpetua se quiere poner a doce personas que jamás han estudiado derecho.
  • 4. No es verdad que los ciudadanos participen en el sistema, se los obliga por sorteo a integrar el jurado como carga pública, debiendo estos durante días o semanas que dura el juicio desatender sus propias actividades.
  • 5. El jurado puede dictar condenas o absolver sin dar fundamentos, ya que su deliberación es secreta y nadie conoce los motivos de la decisión, una verdadera muestra del carácter retrógrado que anticipáramos, ya que la evolución de la ciencia del derecho y en particular del área constitucional impone que las decisiones sean fundadas.
  • 6. Ignorar la ciencia del derecho penal favorece la posibilidad de errores judiciales, los que además no se pueden remediar porque el veredicto del jurado no es apelable.
  • 7. El ámbito de la justicia no es un lugar donde se deba hacer docencia del sistema con los ciudadanos. El más elemental sentido común indica que los que deben decidir en la administración de justicia deben ser expertos y no legos.
  • 8. El sistema de juicio penal por jurados no es ni moderno ni progresista, sino que es una institución del siglo XIX cuando la ciencia penal no se había desarrollado como ahora.
  • 9. No es verdad que el jurado no deba conocer el derecho porque solamente juzga hechos. Es una verdad de perogrullo que los hechos deben ser analizados a la luz del derecho, que los miembros del jurado como legos no conocen.
  • 10. En cualquier tribunal colegiado de jueces, la mayoría impone la decisión sobre la minoría. En el sistema de jurados si cuatro de los doce integrantes no están de acuerdo, se impide tomar una decisión lo que equivale a no escuchar la voluntad de los otros ocho que son la mayoría.

Si queremos construir una casa buscamos a un ingeniero y a un arquitecto; para una operación a corazón abierto a un prestigioso cardiólogo; para volar un jet a un experto piloto; para construir automóviles a ingenieros mecánicos; y para fabricar remedios a biólogos. Lo que se dice comúnmente “zapatero a tus zapatos”

¿Se puede entender entonces porque no se advierte la grosería y la inconveniencia evidente de que para juzgar y decidir condenas o absoluciones no se busque a expertos en derecho penal y se conforme con una docena de legos un tribunal que le dice al Juez cómo hay que resolver?

Si aplicamos la misma lógica –o falta de ella según se mire- algún día llegará un trasnochado político de turno y va a proponer que en los quirófanos se ponga un jurado de gente sin ningún conocimiento de medicina para que le indique al cirujano si debe insertar el bisturí, cuándo, cómo y dónde.

Pero todo lo expuesto, a los funcionarios a cargo del nuevo circo con el que entretienen a la ciudadanía vendiéndole espejitos de colores, no les interesa ni les conviene.

Porque si tuvieran que atacar las causas de la evidente deficiencia del sistema tendrían que cambiar la política de Estado que les interesa preservar, de un sistema penal represivo para pobres que funciona para mantener el estatus quo, y eso no está en sus planes.

El nuevo juguete de la burguesía dominante es esta moda del juicio por jurados para entretener y desviar la atención de los acuciantes problemas de estructura que no son capaces de remediar.

  • Daniel Tort, abogado y periodista
    tdaniel@arnet.com.ar