Un prematuro candombe electoral

Daniel Tort
noviembre 15 /2014

Aristóteles en su conocida clasificación de las ciencias enseñaba que la ética culminaba en la política. En la época del pensador Estagirita esta afirmación podría haber tenido un sentido práctico, pero en la actualidad claramente carece de vigencia.

"Guatemala y Guatepeor..."

Los gobernantes en vez de justificar el jugoso haber mensual que perciben trabajando en la gestión para el que han sido designados, por estar de campaña no laburan. O sea, están cobrando de arriba.

Como un ejemplo paradigmático de lo lejos que ha quedado ese esquema y de la disociación total que existe entre los profesionales de la política y los ciudadanos que con el sistema electoral liberal los sostienen, la mayoría de los funcionarios que ocupan cargos electivos o no, están en campaña hace meses.

Y como la campaña se hace haciéndose conocer igual que si se tratara de un producto comercial, la exposición en los medios es el principal anhelo de estos personajes, y en tal carácter llevan adelante una frenética actividad que nada tiene que ver con el desempeño para el cual han sido designados.

Con este esquema se aprecia la paradoja de que cada uno de ellos, mientras realiza entrevistas a la prensa, paga espacios para que los inviten, publican afiches y visitan hasta inauguraciones de un caño de agua potable en algún asentamiento, desatienden sus respectivos trabajos.

Y esta anormalidad que por los vericuetos de la política se presenta a diario como si fuera una cosa lógica y correcta, exhibe objetivamente que los funcionarios-candidatos están cobrando un sueldo del Estado mientras se dedican a proyectos personales.

Dicho de otra manera, en vez de justificar el jugoso haber mensual que perciben trabajando en la gestión para el que han sido designados, por estar de campaña no laburan. O sea, están cobrando de arriba.

El joven gobernador Juan Manuel Urtubey en su ambigua carrera aún no definida, entre competir para una fórmula presidencial o abusar de otro periodo más de cuatro años en Salta, utilizando arteramente la grosera reforma constitucional hecha a medida por Juan Carlos Romero, es el principal exponente de estos desarreglos.

Basta leer el boletín oficial de la Provincia para comprobar lo que afirmamos ya que se dictan no menos de diez decretos mensuales delegando el mando de la Provincia, casi siempre en el senador Mashur Lapad, y cuando no tiene más remedio en el vice gobernador Miguel Andrés Costas Zottos.

Si la cabeza del gobierno se comporta de esta manera, todos los funcionarios siguen el mismo estilo, y nadie los controla. Es más, en ese enroque perpetuo de amigos, parientes y allegados que han sido oportunamente bendecidos con el carguito salvador, para estar hoy aquí y mañana allá en la insensible figura de especialistas en generalidades, se alienta esta conducta.

Faltan muchos meses para las elecciones a llevarse a cabo en nuestra Provincia, que para perfeccionar el horror de este drama serán cinco en 2015, y "los cobra sueldos" están de campaña abiertamente desde –por lo menos- comienzos del 2014.

En la recta final del candombe electoral, todos ellos saldrán a los mismos medios en los que vienen haciendo campaña, para poner cara de qué ético que soy, y van a pedir licencia en los cargos cuando falte un mes para la elección. Total en esos tiempos con o sin licencia y abocados de lleno a los comicios, tampoco trabajan.

Este panorama no es sólo una parte del folclore electoral, sino que es la clave de la carencia de gestión en casi todas las áreas de gobierno. Nuestro primer mandatario viaja permanentemente, y el resto de los colaboradores –o no colaboradores según se mire- viajan todo el tiempo a participar de congresos, visitar al Papa Francisco, hacer cursos de mediación, o participar de ferias de cualquier cosa.

Y a control remoto no se maneja la Provincia, algo que más temprano que tarde debería entender el gobernador, porque no alcanza con estar convencido que él lleva la llama sagrada.

Hay que estar en el lugar donde suceden las cosas, o sea aquí y no en la estratósfera de las veleidades de seguir ascendiendo en la escala de cargos, o en las vanidades miserables de estar de vacaciones con el dinero del erario.

Si pareciera que están haciendo todo para que el otro les siga ganando espacios, y no está fuera de las posibilidades que si no se ponen manos a la obra, tengamos finalmente que soportarlo de nuevo en finca Las Costas.

Se trata de ética, como lo mencionamos al principio. Al tiempo que escribo estas líneas siento el temor de que esa palabra les resulte extraña, pues al fin y al cabo el anterior y el actual han sido moldeados y cortados con la misma tijera.

Una sensación de que la opción que tenemos es quedarnos en “Guatemala” o ir a “Guatepeor”.

  • Daniel Tort, abogado y periodista
    tdaniel@arnet.com.ar