Una mala mixtura: Poder y Soberbia

Daniel Tort
noviembre 5 /2012

Urtubey-Romero-Urtubey

Es una aspiración de toda democracia madura y resulta por cierto muy recomendable con miras a lograr preservar la salud republicana, que el ejercicio del poder político contenga de parte de la cabeza de una administración de gobierno un cierto grado de madurez, que le permita al líder de turno tanto tomar decisiones acertadas como tener el coraje mínimo y la entereza necesaria para reconocer errores y tratar en lo posible de enmendarlos.

La soberbia es un sentimiento de valoración de uno mismo, por encima de los demás. Y el joven gobernador de Salta hace gala de esa cualidad sin tapujos.

Esa debería ser una práctica cotidiana donde el gobernante debe nutrirse de su propio criterio, del consejo de sus eventuales asesores, de las críticas de la oposición y de la opinión de la gente que en definitiva es tanto la responsable de haber puesto al gobernante en ese lugar, como la receptora directa de los errores y los aciertos.

Nada más alejado de ese panorama es el caso de nuestra Salta, donde el joven abogado gobernador no parece contar ni con la madurez necesaria, ni con los asesores adecuados, y ni que hablar de contar alguna vez con el reconocimiento de un yerro, y objetivamente además no tiene una oposición formal que lo enfrente.

En ese ambiente se genera un caldo de cultivo ideal para el ejercicio autoritario y nepotista del poder. Todo lo actuado en el círculo áulico y elitista del gobierno de Juan Manuel Urtubey aparece teñido de una impronta muy clara, que se resume en una frase tan vieja como odiosa: nosotros –o yo- somos los elegidos y como tal obramos.

Nadie nos tiene que objetar nada porque todo lo sabemos, y si no lo inventamos. Las políticas de gobierno no se corrigen, las designaciones de familiares directos y amigos de la escuela secundaria son el medio para ejecutar esas políticas, la oposición la insertamos dentro del gobierno para no tener que confrontar, y la división de poderes es una canción pasada de moda, anhelo vacuo de los que no saben nada del ejercicio del poder real y que no se dan cuenta que cuando se invoca ese esquema es al sólo efecto de conformar los consabidos pregones de campaña.

En esta escenografía política ya se ha hecho costumbre que el mandatario salteño para no asumir los defectos y avatares de su adolescente gestión achaque a la oposición –habría que preguntar cuál, aparte de su mentor Juan Carlos Romero devenido en el correr de los años en su archi enemigo electoral- campañas periodísticas malévolas, que el joven letrado sabe responder muy bien con jugosas pautas publicitarias en medios diversos que le ponderan complacientemente, y concertando entrevistas televisivas (Canal 2, Jueves 01 de noviembre 22,00 horas) a donde concurre en solitario con agenda pre concertada para poner en escena una aparente solvencia sobre todos y cada uno de los temas que se tratan, que nadie medianamente informado puede aceptar como algo espontáneo.

En otro ámbito, sus propuestas de nombramientos sobre los cuales debe inevitablemente seguir un procedimiento y no puede decidirlas unilateral e inconsultamente con un decretito sin expediente –como el caso de los fiscales penales por ejemplo- más que propuestas son imposiciones administrativas que aunque medien impugnaciones sobradamente fundadas sobre los postulantes terminan con designaciones express, convalidadas por el séquito de levanta manos obedientes que suele ser llamado Honorable Senado de la Provincia.

Con su hermano Rodolfo Urtubey administrando en los hechos las finanzas de la Provincia y haciendo en paralelo campaña política, las respuestas a cualquier tema aparecen a flor de boca, tengan que ver o no tengan nada que ver con el famoso Fondo de Reparación Histórica, y así el fraterno candidato pulula en cuanto programa de televisión existe hablando de todo un poco y posicionándose para las elecciones del año que viene a base de jugosas pautas publicitarias. La familia es lo primero.

Y así pasan los días y los meses, usando los aviones sanitarios para viajes personales o disfrazados de gestiones oficiales, autorizando comisiones al extranjero a diestra y siniestra en un carnaval de viajes por motivos intrascendentes, y delegando permanentemente el mando de la Provincia para poder concurrir a cualquier evento en cualquier otra Provincia del País para mantenerse vigente con miras a su proyección al años 2015, en la Nación o en la re-re elección local, sin sonrojarse de sus juramentos olvidados de que iría por un solo mandato.

Total él tiene la llama sagrada, según lo expresara a sus funcionarios a comienzos de Diciembre de 2011 en el Hotel Termas de Rosario de la Frontera, y quienes lo acompañen –dijo entonces- tendrán que hacerlo no con acuerdo, ni con coincidencias sino con fanatismo. Absorbete ese citrus. En ese camino los que le rodean no piensan en contradecirle, porque las reglas del juego fueron puestas sobre la mesa en ese fin de semana hotelero. Obedientes y obsecuentes o nada.

La soberbia es un sentimiento de valoración de uno mismo, por encima de los demás. Y el joven gobernador de Salta hace gala de esa cualidad sin tapujos. Le encanta que le pregunten si se siente presidenciable, para responder que si, que él es honesto y como tal lo reconoce. Lo que no reconoce ni reconocerá nunca es que ese anhelo es una empresa pura y exclusivamente personal, y que como empresa individual la debería costear con su patrimonio y no con el erario salteño. Pero ese es un detalle, por que ellos en esa concepción de clase se consideran elegidos –algunos con y otros sin llama sagrada- pero elegidos al fin- Y están convencidos que llegamos a creerles que se están sacrificando por nosotros.

Tal como lo dijera también el joven gobernador en ese inolvidable y delirante cónclave termal en el que pronunció veintitrés veces la palabra “yo”: “quiero que sepan que yo resigné todo”. A la luz de su nivel de vida en la fastuosa residencia de Finca Las Costas, los incesantes viajes en aeronaves públicas, y las veleidades varias de sus raides en motocicletas de alta cilindrada, participación en partidos internacionales de rugby a costa de todos y "ainda mais", no parece haberse privado de mucho, sino todo lo contrario.

Pero es que su ilimitada soberbia le indica que se lo merece; él no es un ciudadano común; es un predestinado. Es tal el grado de convencimiento que la elite dominante tiene respecto de que sus privilegios son una cuestión natural, que cuando se denuncian periodísticamente los mismos en vez de sentir vergüenza, se ofenden.

El ejercicio del poder de esta manera tiene serio riesgo de tropezar, y no sería raro que en ese devenir insensato cuando tengan que admitir algún fracaso, lo terminen atribuyendo a la oposición, al destino, a la virgen del cerro o al calendario Maya pero nunca a ellos mismos, porque la mixtura de poder y soberbia deriva inevitablemente en necedad.

  • Daniel Tort, abogado y periodista
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