Verdugos implacables de la justicia social

agosto 6 /2016
Daniel Tort

Desde la asunción del nuevo gobierno en diciembre de 2015 y en forma constante, se discute en todos los medios y a toda hora, en abierta confrontación, sobre las supuestas virtudes y defectos entre el modelo económico anterior y el nuevo que está implementando el macrismo.

“Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla” (M.T. Cicerón)

De acuerdo a la tendencia o ideología del que opina resultan ser las apreciaciones en uno y otro sentido, y así mientras unos concluyen en que los errores del pasado son los causantes de las penurias insalvables de hoy, otros acusan al oficialismo gobernante de ser el artífice del ajuste para muchos en beneficio de pocos.

Y como la economía no es una ciencia exacta sino una social, los conceptos que vierten cada uno de los sectores son siempre relativos y atados a la subjetividad del que los expone, y por ello la discusión se extiende más allá de lo deseable y acaba por confundir.

Para no tentarnos en ingresar nosotros también en ese torbellino interminable, creemos que es una buena opción para poder apreciar más objetivamente cuáles son los intereses en juego, y vislumbrar con claridad a qué sector prefiere cada uno, referirnos no a parámetros macroeconómicos sino a hechos concretos de nuestra historia.
Y para ello nada más apropiado que tomar como referencia el espectáculo anual que se lleva adelante en la Sociedad Rural Argentina llamado Exposición de Ganadería, Agricultura e Industria Internacional, -conocida como Exposición Rural de Palermo- y comparar el tratamiento que esa elite social y económicamente dominante le dispensa al gobernante de turno.

De esta manera y con sólo sentarse frente al televisor y analizar cómo se desarrolla el día de la ceremonia principal y cómo reaccionan los asistentes desde los palcos y tribunas ante la presencia de las autoridades, se puede aprender en el acto y sin tanta teoría, hacia dónde van dirigidos los beneficios de la economía del momento.

Remontándonos a los orígenes de la creación de esta selecta entidad, claramente identificada a promover el desarrollo de la agro ganadería en pocas manos de terratenientes productores y exportadores de materias primas, recordamos que en 1866 su principal socio fundador fue José Martinez de Hoz, hoy bisabuelo del que muchos conocieran después como ministro de economía en la dictadura militar de 1976.

La causa de su fundación fue la necesidad de financiación de la llamada “Campaña del Desierto”, que iniciaron luego de finalizada la guerra de la Triple Alianza y por la cual con el método de emisión de bonos representativos de las tierras que usurparían, poco más de trescientas familias acomodadas se quedaron con once millones de hectáreas.

De ese modo nació lo que se conoce como la oligarquía vacuna de La Pampa húmeda, que arrendaba sus extensos territorios a empobrecidos campesinos y labradores, situación que eclosionara con el paro de pequeños productores conocido como el “Grito de Alcorta” en Junio de 1912 y la fundación de la Federación Agraria Argentina, por entonces como entidad opositora a la Sociedad Rural.

Otras perlitas de la actuación de esta coqueta asociación de estancieros acomodados fue la instigación a reprimir obreros en 1921 en la Patagonia Argentina a manos del teniente coronel Benigno Varela, que masacrara 1500 peones rurales en huelga.

Para que no quedaran dudas del apoyo que daban a esa barbarie, el año nuevo en el exclusivísimo Hotel Argentino tuvo como protagonista al genocida rural Varela, que fue condecorado el mismo día que se anunciaba la rebaja salarial masiva de los trabajadores.

Seis días antes de ser derrocado Hipólito Irigoyem, su ministro de agricultura fue abucheado de los cuatro costados de las tribunas ebrias de ansiedad por la llegada del golpe militar que una semana después llevaría adelante José Félix Uriburu y para que tampoco quedaran dudas del apoyo de la Sociedad Rural, cuatro de los que fueron flamantes ministros eran miembros de su comisión directiva.

Años más tarde en la muestra del año 1945 y con la rabia a flor de dientes por la sanción el año anterior por parte del Secretario de Trabajo Juan Domingo Perón del Estatuto de Peón Rural, el invitado de honor no fue el Presidente, sino el embajador norteamericano Spruille Braden, sonriente ante el sumiso público que coreaba “Braden o Perón”

En 1966 recibieron con aplausos enfervorizados al dictador Juan Carlos Onganía que acababa de derrocar al presidente constitucional Arturo Illia, que ingresó al predio ferial en la misma carroza imperial que usara la Infanta Isabel en los festejos del centenario en 1910, en agradecimiento a la nueva ley de arrendamientos que los beneficiaba ampliamente.

Ni qué decir del recibimiento que le hicieron al dictador Jorge Rafael Videla en 1977, compartiendo la alegría de tener a dos de sus socios más activos como rectores del ajuste: José Alfredo Martínez de Hoz en economía y Jorge Zorreguieta como secretario de agricultura y ganadería, mucho antes de ser el suegro del rey de Holanda.

Muy diferente sería en cambio la mañana grosera entre silbatinas que le dispensaron al Presidente Raúl Alfonsín, que no dudó en reprocharles micrófono en mano el apoyo serial de esa organización a las dictaduras de todos los tiempos y en particular a la que acababa de terminar.

El acto que contara con la presencia de La Rata [1] en 1999 generó otra ovación rastrera al mandatario que eufórico anunció ese día que acababa de enviar un proyecto de ley al Congreso Nacional que anularía las retenciones, además de regalarles a precio irrisorio todo el mismísimo predio donde estaban parados.

Ya en el año 2001 el entonces presidente Fernando de la Rúa fue admitido con tibieza pero finalmente aceptado, por haber ingresado al recinto ferial con otro cipayo protegido de la Sociedad Rural, Domingo Felipe Cavallo.

En todo el periodo posterior entre 2002 y 2015 no se cursaron invitaciones a los presidentes, y se sucedieron hechos que generaron batallas campales ante el intento de enfrentar a la poderosa sociedad, uno fue la ya famosa Resolución 125 y la otra la confiscación del mismo predio que La Rata les había casi regalado.

Y así llegamos al presente y al acto anual celebrado el pasado 30 de Julio con la asistencia del presidente Mauricio Macri, literalmente ovacionado como nunca antes luego de transferirles a esos selectos invitados nada menos que 128.000 millones con la reducción de retenciones y liberarles los cupos de exportación, lo que explica que los asistentes se quedaran difónicos de tanto entonar la consigna “Si, se puede” .

Esa suma mencionada es igual al doble de todos los subsidios eliminados en las tarifas que se pretenden sean abonadas por todos los demás, por el sólo hecho infame de haberse transferido a los que lo posicionaron como primer mandatario, todo es dinero.

No había sido casualidad que el año anterior en la misma muestra ferial de Palermo el presidente Luis Etchevehere se refiriera a Mauricio Macri como “el arma cargada de futuro” que ahora los beneficia con un presente como se merecían, y encima sin tener que lamer botas de militares en dictadura sino en ejercicio del mandato democrático.

Porque esta gente además del poder económico y de los privilegios que siempre tuvieron durante todos los gobiernos de facto, ahora es dueña del gobierno democrático formal, y se consideran legitimados para todo, incluso para poner a todos los gerentes de las multinacionales a tomar de manera obscena todas las decisiones en su favor, y encima con el aval del resultado electoral.

Un detalle final que no es menor. Al lado del primer mandatario argentino y también ovacionado cuando se lo anunciara en los micrófonos a viva voz, estaba el supuesto líder de los trabajadores rurales Gerardo “El Momo” Venegas, haciendo el no menos triste que olvidable papel de émulo actual patético del teniente coronel Varela.

Tal como lo anticipamos al comienzo no íbamos a hablar de economía, solamente resumimos los hechos de nuestra historia para evidenciar por comparación para quién gobierna hoy el frente “Cambiemos” .

Todo ello con la intención sana y deliberada de que podamos conocer un poco más esa historia, para que quienes vivimos honestamente el día a día de nuestra Argentina no volvamos a cometer el error de votar otra vez a oligarcas y especuladores, que en todas las épocas relatadas han operado como verdugos implacables de la justicia social y el reparto equitativo de los ingresos.

Como decía el inolvidable Don Arturo Jauretche, habrá que esperar “Hasta que un día el paisano acabe con este infierno, y haciendo suyo el gobierno, con solo esta ley se rija: o es pa’ todos la cobija, o es pa’ todos el invierno.”

  • Daniel Tort, abogado y periodista
    tdaniel@arnet.com.ar